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Cómo elegir un buen colchón

como elegir un buen colchon

La elección de un buen colchón se basa en dos principios básicos, y los vas a conocer aquí y ahora, sin esperar un segundo más:

  • No existe en todo el planeta un solo modelo de colchón que sea perfecto para todos los seres humanos. Solo hay un colchón perfecto para tí, y únicamente para ti. Las recomendaciones de terceros no sirven.
  • El colchón ideal para tu cuerpo, desde un punto de vista 100% saludable, es aquel que consigue que descanses permanentemente con la espalda recta.

Por tanto, pocas compras requieren una prueba tan exhaustiva como la elección del colchón donde dormirás, probablemente, alrededor de 10 años (en este número se ha establecido la vida media de un colchón).

Tendrás que tener en cuenta la postura en la que sueles dormir, tu peso habitual, si eres de los que se mueven mucho, si pasas calor, si duermes siempre acompañado…

¿Colchones duros o blandos?

Seguro que has oído muchas veces a lo largo de tu vida:

  • “Yo soy de colchones duros”.
  • “Y yo duermo mejor en colchón blando”.

Pero que te sientas más cómodo en un colchón duro o en uno blando no significa necesariamente que estés descansando bien. O, para ser más exactos, que estés dejando descansar a tu espalda tal y como ésta debería hacerlo: completamente recta.

Nunca un colchón duro dejará que el peso de tu cuerpo se distribuya adecuadamente, y tu espalda siempre quedará ligeramente curvada en la zona superior del tronco.

Por otro lado, sobre un colchón blando, tu cuerpo se hunde, y con él tu espalda, que se curvará en exceso en la zona media-baja del tronco.

En el punto medio, teniendo en cuenta la morfología de tu cuerpo, está la virtud.

En concreto, el colchón que más se acercará a esto será aquel que permita una mayor adaptabilidad.

Mientras más superficie de contacto tengas, menos sufrirá tu columna vertebral y mejor descansarás.

¿De qué material está hecho un buen colchón?

El material del colchón es importantísimo, siempre y cuando tengas en cuenta todo lo anterior.

Hay cuatro categorías principales:

Colchones de muelles

El colchón está relleno de una serie de muelles independientes, embolsados, o continuos dispuestos en vertical. De esta manera, literalmente, amortiguan tu peso y se adaptan a tu cuerpo como mejor pueden. Todo ello suele estar recubierto por capas de espuma y algodón o por saquitos de tela independientes.

Algunas de sus ventajas son el precio (suelen ser los más económicos) y la ventilación (es muy buena, una gran elección si tu prioridad es no pasar calor). Sus desventajas son una menor adaptabilidad frente a otras opciones del mercado y que, con el tiempo, es probable que acaben emitiendo molestos ruidos.

Los de espuma

También conocidos como de poliuretano.

Sí, es este colchón de “espuma amarilla” que tienes en mente. Aunque en realidad es una masa compuesta de miles de celdillas o burbujas de aire que se cubren posteriormente con una funda y puede ser de otros colores, no siempre amarillo.

Su adaptabilidad viene determinada por la densidad de esta gomaespuma. A menor densidad, más ligereza y peor calidad. A mayor densidad, mayor peso, firmeza y durabilidad.

Transpiran bien y son fáciles de transportar. Se sitúan en una gama de precio baja, como los de muelles. Tienden a pecar de demasiado blandos.

Los viscoelásticos

Son la nueva generación de los de espuma. Están formados por un tipo de poliuretano viscoelástico, que significa que su densidad es elevada y tiene un lento efecto memoria. Esto es, tardan en volver a recuperar su forma normal cuando han sido sometidos a la presión de un cuerpo. Pero, a cambio, su adaptabilidad es altísima.

Por contra, este tipo de colchón puede resultar incómodo a la hora de moverse debido a la lenta recuperación de su forma, y su precio es de los más elevados del mercado.

Recomendable si la persona que lo va a usar debe pasar largos periodos sobre él.

Los de látex

El látex es un material que puede ser sintético (petróleo), natural (caucho), o una combinación de ambas fuentes. Microperforado, y recubierto de lana, algodón o seda, forma el núcleo de unos colchones firmes y flexibles, a la vez que aireados y poco calurosos.

Los colchones construidos con este material absorben mucho el movimiento, pero sin dificultar los cambios de posición tanto como los viscoelásticos. Por esto, suelen ser los favoritos de las parejas que van a compartir colchón y están decididas a invertir en un buen descanso.

Sin embargo, no están exentos de puntos menos positivos. Por ejemplo, aunque no facilitan la formación de colonias de ácaros en su interior, sí que podrían ser un problema para personas con alergia o sensibilidad al látex. Y son bastante pesados y difíciles de manejar

Por otro lado, como habrás imaginado, no son los mas económicos del mercado -más bien todo lo contrario-, estando en el rango de precios de los viscoelásticos, según si son sintéticos o naturales.

Elegir un buen somier

Bien, esto no es estrictamente el foco del artículo, pero nos vemos obligados a incluirlo por tratarse del error más común que la gente comete cuando compra un buen colchón.

Una de las peores cosas que puedes hacer si adquieres un colchón ideal para ti, después de tan importante inversión, es comprar un somier de baja calidad para ahorrar unos euros.

No es que el resultado sea terrible, seguirás disfrutando de un notable descanso, pero estarás restándole unos cuantos puntos a la experiencia. Y es una lástima.

Algo así como comprar un Mercedes con la última tapicería de su gama y cubrir todos los asientos con una funda de neopreno barata del mercadillo de la esquina.

Asegúrate de que al menos inviertes en un somier de láminas, de muelles o de tabla tapizada de suficiente calidad para hacer un gran equipo con un buen colchón.

Tu espalda te lo agradecerá para siempre.

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